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La fe incendia la campaña: ¿puede la religión decidir las elecciones de Brasil?

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Un polémico rumor sobre la supuesta intención de Flávio Bolsonaro de retirar a la Virgen de Aparecida, el título de patrona de Brasil, ha reavivado la batalla por el voto religioso, en un país donde el peso político de los evangélicos no deja de crecer.
La fe incendia la campaña: ¿puede la religión decidir las elecciones de Brasil?

Brasil está dejando atrás, poco a poco, la imagen de un país de mayoría católica casi absoluta. En las últimas décadas, el peso del catolicismo se ha reducido de forma notable, mientras las iglesias evangélicas, especialmente las pentecostales, han ganado millones de fieles.

Esta transformación religiosa ya está teniendo efectos en la política brasileña. Los evangélicos se han convertido en un sector importante y bien organizado del electorado, mientras las iglesias y los pastores con mayor influencia han adquirido un papel cada vez más visible en la vida política.

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De cara a las elecciones de 2026, la pertenencia religiosa vuelve a convertirse en una de las principales líneas de división de la sociedad brasileña y en uno de los terrenos donde se libra la batalla por la Presidencia.

La revolución religiosa que transforma Brasil

El número de evangélicos ha aumentado de forma significativa en Brasil. Actualmente, representan alrededor del 26,9 % de la población mayor de 10 años, según los últimos datos del censo de 2022. Desde 2010, su número aumentó en 12 millones de personas, pasando de 35 millones a 47,4 millones.

En el mismo periodo, la proporción de católicos cayó del 65 al 57 %. En declaraciones a RT, la profesora de la Escuela Superior de Economía, Ana Lívia Esteves Araújo, señaló que Brasil nunca había tenido un número tan elevado de evangélicos, aunque indicó que el ritmo de crecimiento de este grupo se ha ralentizado. 

Según la experta, una de las razones de este crecimiento es que las ideas evangélicas encajan en buena medida con la realidad económica del país.

La llamada teología de la prosperidad, que tiene una fuerte presencia en el movimiento evangélico brasileño, promueve la idea de que el bienestar y el enriquecimiento material pueden ser una señal de la bendición divina.

"Significa que estás haciendo algo bien, que Dios te está aprobando y que por eso tienes bienes materiales. Esto es prácticamente lo contrario de la visión católica tradicional sobre los ricos", explicó la experta. 

"La teología de la prosperidad encaja muy bien con la realidad económica del Brasil actual, que es un país capitalista con prácticas generalmente muy neoliberales y una población que piensa cada vez más que la clave del éxito depende del individuo y no necesariamente de la comunidad", subrayó.

La transformación religiosa de la población ya está teniendo repercusiones en el terreno político. En 2018, Jair Bolsonaro obtuvo entre los evangélicos 12 millones de votos más que su rival, Fernando Haddad. En 2022, el voto de este grupo se dividió y Lula logró reducir la diferencia.

La batalla por el voto de los creyentes

En las elecciones de 2026, los candidatos también se han involucrado activamente en la disputa por el apoyo de los distintos grupos religiosos.

A mediados de septiembre, Lula criticó a la Iglesia católica por su postura respecto a las mujeres. "Mientras la Iglesia católica no ponga fin al celibato y permita que las mujeres puedan ser sacerdotes y obispos, veremos cómo la Iglesia católica atraviesa dificultades", afirmó, citado por el portal Poder360. "Esa es una ventaja que tiene la Iglesia evangélica. Las mujeres son tratadas en igualdad de condiciones", añadió el mandatario.

Lula, que es católico, ha conseguido mejorar su apoyo entre los evangélicos. La intención de voto del actual presidente entre este grupo pasó del 23 al 27 %, según una encuesta de Quaest publicada el lunes. Flávio Bolsonaro, por su parte, cayó del 49 al 46 % entre los evangélicos.

A pesar de este descenso, Flávio sigue contando con el respaldo de una parte importante de los evangélicos y de pastores influyentes, como Silas Malafaia. La estrategia de Lula, según los medios locales, es diferente: busca atraer a pequeños grupos progresistas y a iglesias "fragmentadas" para reducir la diferencia en una carrera en la que cada punto porcentual puede ser relevante.

Un escándalo religioso a las puertas de las urnas

A pocos días de la primera vuelta, la cuestión religiosa volvió a ocupar el centro del debate. La semana pasada circuló el rumor de que Flávio Bolsonaro planeaba retirar a Nuestra Señora de Aparecida el estatus de patrona de Brasil. Sin embargo, no se ha encontrado ninguna declaración ni proyecto de Flávio en ese sentido: se trataba de una antigua iniciativa legislativa de 2007 que ya había sido archivada.

El equipo jurídico del Partido Liberal presentó una denuncia penal ante la Procuraduría General Electoral para pedir una investigación contra 29 personas, a las que responsabilizó de difundir la información en las redes sociales. Entre los nombres figuran varios colaboradores del presidente y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva.

Flávio acusó a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) de difundir esta información. "Lo hace porque, en el pasado, algunos grupos dentro de la Iglesia católica desempeñaron un papel muy importante en la fundación del Partido de los Trabajadores después de la dictadura militar. De hecho, durante la dictadura militar, la Iglesia participó activamente en acciones políticas contra el régimen militar", explicó a RT Ana Lívia Esteves.

El propio Flávio comparó el escándalo con el intento de asesinato de su padre en 2018, cuando este fue apuñalado. "Fue aquella puñalada, allí en Juiz de Fora. Creo que puedo considerar esta noticia falsa contra mí como una especie de puñalada", afirmó.

"Está intentando presentar el catolicismo como una religión de izquierdas. Está intentando presentar a todos los católicos como comunistas y personas de izquierdas, lo que, por supuesto, no es cierto y constituye una tergiversación", señaló Ana Lívia Esteves. 

Según la analista, con esta estrategia Flávio se dirige a los católicos que ya tienen una posición política definida. "No está consiguiendo realmente llegar al principal grupo al que debería dirigirse: los católicos indecisos o aquellos que no están politizados", apuntó.

A juicio de Esteves, el nuevo escándalo relacionado con las noticias falsas introduce en la campaña electoral a los católicos indecisos, un grupo que podría influir en el resultado de las elecciones.

"La principal tarea de los candidatos ahora es involucrar a los grupos que no participan activamente en el proceso electoral: aquellos que están indecisos o que están dispuestos a no votar", concluyó la experta.

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