La historia de Nada Itrab es la de muchos niños que pasan por la experiencia de la trata, de los maltratos y de abusos de diversa índole, pero también es un relato de superación.
Hoy tiene 22 años y estudia en la universidad Derecho y Relaciones Internacionales, y está dispuesta a que su voz sirva para visibilizar esas vulneraciones de derechos de la infancia, con el propósito de ayudar a que un periplo como el suyo no vuelva a suceder.
La joven emigró a España desde su Marruecos natal cuando tenía cuatro años. La familia se instaló en un piso precario en Barcelona, donde conocieron a un "servicial" vecino que, al poco tiempo, comenzó a abusar de la pequeña Nada. Poco después, el hombre la secuestró.
Un libro
Itrab cuenta lo vivido en un libro escrito a cuatro manos con la periodista Neus Sala. Allí, narra cómo fue retenida y explotada durante más de siete meses en Bolivia, país al que fue llevada por su secuestrador hasta que una operación de rescate la llevó de vuelta a España.
Sin embargo, el regreso al país europeo no fue el fin de su calvario. La joven fue tutelada por los Servicios Sociales y pasó por varios centros de menores hasta que pudo volver a su hogar, otra vez, en la más absoluta vulnerabilidad.
En su proyecto de escritura, que le ha llevado más tres años de intenso trabajo, no solo relata su rapto y cautiverio, sino que hace un repaso a su posterior salvación. 'Yo soy Nada', el título del libro, realiza un juego de palabras con su propio nombre.
Por un lado, la joven aborda la reivindicación de su existencia y, por otro, explicita la vulnerabilidad de los niños y la dura realidad de la trata, que no se termina con los perpetradores, sino que extiende su crudeza en una burocracia que dificulta la restauración efectiva de las víctimas.
Viaje a Bolivia con permiso de los padres
La familia de Nada llegó a España de forma irregular desde Marruecos y, una vez en Cataluña, se encontró con las dificultades que atraviesan los migrantes sin documentos en regla. Ya instalados en el municipio de L'Hospitalet, en la provincia de Barcelona, conocieron a un vecino llamado Grover Morales.
Morales era un ciudadano boliviano, de 35 años, que con favores logró ganarse la confianza de los padres de la menor y convencerlos de llevarla con él de vacaciones a Bolivia, supuestamente durante una semana.

Los padres dieron su consentimiento a través de un documento ante notario y así fue como Morales viajó con la menor, primero en autobús hasta Madrid y después en avión hasta el país sudamericano.
Durante la investigación, Morales aseguró que había pactado el viaje con los progenitores de Nada para comprar oro y revenderlo en España sin levantar sospechas, ya que la niña retornaría con las joyas puestas. Sin embargo, ya en territorio boliviano, cambió de parecer y decidió raptar a la menor, con la que tenía planeado casarse.
Itrab voló el 27 de agosto de 2013 y los padres interpusieron la denuncia por secuestro el 5 de septiembre. Las alarmas se activaron porque en los primeros días lograron hablar con la menor, pero los contactos eran cada vez más breves y Morales cortaba las comunicaciones cuando la pequeña comenzaba a hablar en árabe.
Siete meses en la selva
La niña pasó siete meses en la región selvática de Los Yungas, donde fue escondida por su raptor hasta en tres lugares diferentes. Allí vivió un infierno, ya que dormía en el suelo, comía a duras penas y era explotada en plantaciones cocaleras. Según el propio testimonio de Itrab, también sufrió reiterados abusos sexuales.

Durante la investigación, las autoridades descubrieron que el secuestrador había sido denunciado por haber violado a sus dos hermanas menores en Bolivia, pero que el caso no había salido adelante porque la madre de Morales convenció a las hijas para que no continuasen con la acusación.
Esa mujer tuvo también un papel clave en el secuestro de Nada, pues habría dado la primera cobertura a su hijo cuando llegó a Bolivia con la niña.
Un rescate de película
La liberación de la Nada Itrab se produjo en marzo de 2014, después de una intensa labor de las autoridades españolas. Cuatro agentes de la Guardia Civil viajaron al país suramericano y permanecieron allí un mes tras la pista de la menor.
La descubrieron en un poblado de chabolas construidas a mano, donde la pequeña dormía en el suelo. Dieron con la ubicación de la barraca gracias a la colaboración de los cocaleros, que estaban interesados en sacar a la niña para evitar la entrada de autoridades policiales y poder mantener el poder en ese territorio.
Padres condenados e instituciones fallidas
Los padres de Nada fueron juzgados y condenados a una pena de dos años de cárcel por un delito de abandono de familia. Lograron evitar la prisión tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía, a cambio de indemnizar a su hija con 20.000 euros.
La vuelta a España de Nada significó un deambular por diferentes centros de menores tutelados por la administración catalana. De ese modo pasó cuatro años, hasta que la devolvieron a la vivienda de sus padres, un periodo definido por el abandono por parte de las instituciones.
La periodista Neus Sala relata que volvió a tener contacto con Itrab hace algo más de cuatro años, cuando la joven tenía 17. Lo que constató en ese encuentro la dejó aún más impactada: "No estaba legalizada, la habían regresado a sus padres, vivía en una casa ocupada sin agua, sin luz. Que no podía seguir estudiando porque no tenia dinero para pagarse la facultad. Que no tenia cama, a veces no podía cenar", contó la semana pasada, durante la presentación del libro.
La situación administrativa de la joven se pudo regularizar gracias a la ayuda de los policías que la asistieron durante su secuestro, mientras que La Ciba (un espacio municipal de recursos para mujeres) le buscó un lugar para vivir.
Hoy en día, la joven trabaja como investigadora sobre dignidad de vivienda en su barrio de toda la vida y es secretaria de la Asociación de Estudios Musulmanes, donde trabajan para acabar con el fracaso escolar. Además, ha creado una nueva organización para impulsar las oportunidades de jóvenes de zonas vulnerables.
La historia de Nada es la de la trata, el rescate, el olvido de las instituciones y también de la resurrección: "El secuestro no fue una condena porque no he acabado muerta ni me han quitado ninguna parte de mí, me ha ayudado darme cuenta de que tengo un propósito en la vida", contó el mes pasado en una entrevista.








