El kiwi ha sido objeto de numerosos estudios por su perfil nutricional. Cada vez más investigaciones lo asocian con mejoras del estado nutricional y beneficios digestivos, inmunitarios y metabólicos. En ese marco, también ha cobrado fuerza la evidencia de que su consumo puede producir efectos positivos —y estadísticamente significativos— en la calidad del sueño y en su latencia, es decir, el tiempo que se tarda en conciliarlo.
La serotonina, cuyo déficit se vincula con el insomnio, y la melatonina, conocida como la 'hormona del sueño', son dos de los componentes del kiwi más analizados en relación con el descanso. Un trabajo de 2025 sobre estrategias para favorecer el sueño en atletas de élite sostiene que las concentraciones de ambas en esta fruta "apoyan la regulación del ritmo circadiano" —que indica al cuerpo cuándo dormir— y que su aporte de antioxidantes y folato "potencialmente reduce la inflamación y el insomnio".
El documento cita un estudio previo en el que atletas de élite consumieron dos kiwis una hora antes de acostarse durante cuatro semanas. Antes y después, completaron un cuestionario y llevaron un diario en el que registraron su sueño percibido. Tras la intervención, los investigadores reportaron un "impacto positivo del consumo de kiwi en aspectos clave".
Los atletas mostraron mejoras en la eficiencia del sueño (porcentaje de tiempo en cama realmente dormido). También se redujeron de forma significativa el número de despertares nocturnos y el tiempo despierto tras conciliar el sueño. "Los hallazgos sugieren, en términos generales, que el kiwi tiene un impacto positivo en el sueño y la recuperación de los atletas de élite", concluye la investigación.
¿Cómo funciona?
La reciente investigación describe varios mecanismos por los que el kiwi podría influir en la fisiología del sueño: vías neuroquímicas directas, regulación circadiana, reducción del estrés oxidativo y, posiblemente, interacciones intestinales.
Además de la serotonina y la melatonina, se plantea un tercer mecanismo ligado a sus antioxidantes, incluida la vitamina C. Estos compuestos podrían mitigar el estrés oxidativo asociado a trastornos del sueño y, con ello, contribuir a mejorar su calidad.
Investigadores neozelandeses añaden que el kiwi aporta "fenilalanina, tirosina, triptófano y ácido glutámico", que se metabolizan para producir neurotransmisores "vitales" en la regulación de los ciclos de sueño y vigilia. También ha ganado atención una enzima proteolítica propia del kiwi, la actinidina. Aunque esta enzima se conoce sobre todo por su papel digestivo, se ha sugerido que podría participar en el procesamiento de precursores neuroquímicos implicados en el eje sueño–vigilia.
Pese a que varios de estos mecanismos requieren mayor clarificación, el balance de la evidencia sugiere que los efectos observados no serían solo subjetivos, sino que podrían reflejar cambios fisiológicos reales en la neuroquímica y en la regulación del sueño.
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